Mirando los objetos cotidianos, como un cuchillo para la mantequilla, es cuando uno se da cuenta de que alguien se ha ido y no volverá más; un estúpido cuchillo que corta para siempre rodajas de soledad en nuestra vida.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



No hay comentarios:
Publicar un comentario